Desde hace casi treinta años, el Colegio Alemán participa en el proyecto internacional que se celebra en Krzyżowa y que gira en torno a la Segunda Guerra Mundial y a la resistencia frente al nacionalsocialismo. Cada año, alumnos de Alemania, Polonia, la República Checa y España se reúnen en el antiguo complejo de los Moltke para conocer la historia del Círculo de Kreisau y reflexionar sobre el pasado europeo y su repercusión en el presente. Este año tuvimos la oportunidad de formar parte de esta experiencia y de acercarnos a uno de los periodos más complejos de la historia reciente de Europa desde una perspectiva internacional y humana.
El viaje tuvo lugar entre el 10 y el 20 de septiembre, aunque pasamos siete días en Krzyżowa. Antes de llegar a Polonia, viajamos a Alemania, concretamente a Kronberg, en Hesse, donde nos encontramos con los alumnos alemanes que participaban en el proyecto. Durante nuestra estancia visitamos Fráncfort y recorrimos su casco antiguo, además del Museo Judío de la ciudad. Esta fue, para mí, una de las visitas más interesantes del viaje. No solo nos permitió conocer mejor la cultura y la historia de la comunidad judía, sino también acercarnos a las historias de personas y familias que vivieron en primera persona la persecución durante la Segunda Guerra Mundial. Conocer sus nombres y sus experiencias hizo que un acontecimiento que solemos estudiar desde una perspectiva histórica adquiriera una dimensión mucho más cercana y personal.
A la mañana siguiente emprendimos el viaje hacia Polonia en guagua. Aunque el trayecto fue largo, resultó muy entretenido, ya que nos permitió conocer mejor a nuestros compañeros alemanes. Durante el camino recogimos también a los alumnos de la República Checa en el aeropuerto. Al llegar a Krzyżowa todavía tuvimos tiempo de explorar la finca y sus alrededores. La naturaleza que rodea el antiguo complejo, junto con la amplitud del espacio, nos impresionó desde el primer momento.
Los alumnos polacos llegaron aquella misma noche, aunque no tuvimos la oportunidad de conocernos realmente hasta el día siguiente, durante las actividades organizadas por el proyecto. Una vez reunidos todos los participantes, comenzó el programa de trabajo. Una de las primeras actividades consistió en conocer la casa en la que el Círculo de Kreisau celebraba sus reuniones. Allí, un grupo de personas procedentes de distintas corrientes ideológicas discutía cómo podría organizarse Alemania después de la caída del régimen nacionalsocialista.
Durante estos primeros días también conocimos a algunas de las figuras centrales del Círculo de Kreisau, especialmente a Helmuth James von Moltke y a su mujer, Freya von Moltke, propietarios de la finca y principales impulsores del grupo. Personalmente, me llamó especialmente la atención su capacidad para reunir en torno a una misma mesa a personas con ideas y trayectorias muy diferentes. A pesar de sus discrepancias, fueron capaces de ponerlas en segundo plano para reflexionar conjuntamente sobre el futuro de Alemania y de Europa después del nazismo.
El día siguiente fue probablemente el más duro, pero también uno de los más significativos del viaje. Visitamos el antiguo campo de concentración de Groß-Rosen, donde pudimos conocer de cerca las condiciones inhumanas a las que fueron sometidos los prisioneros. Recorrimos las instalaciones y aprendimos cómo funcionaba el campo, así como las distintas formas de explotación, violencia y deshumanización empleadas por el régimen nazi.
Fue una visita difícil de asimilar, pero precisamente por eso tuvo un valor especial. Hasta entonces habíamos hablado de estos acontecimientos desde una perspectiva histórica; allí, en cambio, pudimos contemplar físicamente los espacios en los que habían sucedido. La visita permitió transformar conocimientos que hasta ese momento podían parecer abstractos en una realidad mucho más concreta. Por ello, tanto yo como muchos de los compañeros a los que preguntamos consideramos que fue una de las experiencias más importantes del viaje.
Esa misma noche escuchamos algunos fragmentos de las cartas que Freya y Helmuth James von Moltke se enviaron durante el periodo en que él estuvo encarcelado por su oposición al régimen del Tercer Reich. Para mí, aquella lectura fue especialmente emotiva. Una vez más, tuve la sensación de que los protagonistas de los acontecimientos que habíamos estudiado dejaban de ser simples nombres de los libros de texto para convertirse en personas reales, con sus propias preocupaciones, sentimientos y esperanzas.
El martes volvimos a salir de Krzyżowa para visitar varios lugares de interés histórico. Primero conocimos la Friedenskirche, una impresionante iglesia de madera situada en Schweidnitz. Más tarde visitamos el castillo de Fürstenstein, donde realizamos una visita guiada. Uno de los aspectos más singulares del castillo es la existencia de una extensa red de túneles construida durante la ocupación nazi. Aunque todavía existen dudas sobre su finalidad exacta, se ha planteado que pudo formar parte de un complejo destinado a la producción armamentística o al almacenamiento y transporte de materiales.
No pudimos recorrer todos los túneles, pero los espacios que visitamos fueron suficientes para comprender la magnitud del complejo. Los largos pasillos, oscuros y grises, y la temperatura de apenas ocho grados bajo tierra creaban una atmósfera inquietante. Fue, para mí, una de las excursiones más interesantes del programa y me alegró especialmente que este año se hubiera incorporado al proyecto.
Esa noche celebramos el primer Länderabend, la llamada «noche de los países» o «noche cultural». En esta actividad, los participantes de cada país presentan diferentes aspectos de su cultura y sus tradiciones. En esta ocasión fuimos los alumnos canarios quienes presentamos España y Canarias mediante algunos de nuestros platos y bailes tradicionales. Además de ser una actividad divertida, fue una oportunidad para compartir nuestra cultura con compañeros de otros países y conocer la suya.
Al día siguiente permanecimos en Krzyżowa y continuamos trabajando sobre la historia europea, la democracia y las consecuencias de la guerra. Analizamos cómo la Segunda Guerra Mundial afectó de manera diferente a cada uno de los países participantes y cómo evolucionaron posteriormente las ideas de democracia, cooperación y unidad europea. También reflexionamos sobre las relaciones entre Alemania y Polonia desde el final de la guerra hasta la actualidad.
Durante esa jornada visitamos además la Kapellenberg, donde se encuentran la capilla y el cementerio de la familia Moltke. Aunque el antiguo pueblo se encuentra actualmente abandonado, las tumbas de la familia se conservan en buen estado. Desde hace años existe la tradición de limpiarlas durante el encuentro internacional y este año nosotros también participamos en esta tarea. Fue un gesto sencillo, pero significativo, ya que nos permitió contribuir personalmente a la conservación de un lugar estrechamente relacionado con la historia que estábamos estudiando.
La jornada terminó con otro Länderabend, esta vez organizado por los alumnos checos y alemanes.
El jueves realizamos nuestra última excursión. Nuestro destino fue Breslavia, una ciudad caracterizada por su arquitectura y por la gran cantidad de iglesias que conserva. Acompañados por una guía turística, recorrimos algunos de sus lugares más importantes y conocimos parte de su historia. También visitamos el Panorama Racławicka, un enorme cuadro panorámico que representa la batalla de Racławice de 1794. La obra impresiona no solo por su contenido, sino también por sus dimensiones: mide unos quince metros de altura y tiene una circunferencia de 114 metros, creando una representación de 360 grados que envuelve completamente al espectador.
El viernes llegó el último día del proyecto. No incorporamos nuevos contenidos, sino que dedicamos la jornada a repasar y poner en común todo lo aprendido durante la semana. También reflexionamos sobre los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y sobre su repercusión en la sociedad actual. Una de las ideas que más se repitió fue la importancia de aprender del pasado para evitar que acontecimientos similares vuelvan a producirse, así como la necesidad de mantener el diálogo y unas relaciones internacionales basadas en la cooperación.
Este viaje ha sido una experiencia inolvidable. Más allá de haber conocido a jóvenes de otros países y de haber compartido con ellos nuestras respectivas culturas, tuvimos la oportunidad de acercarnos a la historia europea desde una perspectiva mucho más humana y profunda. Krzyżowa nos permitió no solo aprender sobre el pasado, sino también reflexionar sobre el presente y sobre la responsabilidad que tenemos como jóvenes europeos a la hora de construir el futuro. Estamos muy agradecidos por haber podido formar parte de una experiencia que, sin duda, permanecerá con nosotros durante mucho tiempo.