Después de nuestra animada Fiesta de los Farolillos, nos sobraron muchas cajas de “Bretzel”. En lugar de tirarlas a la basura, en Infantil y Preescolar aprovechamos la oportunidad y las llevamos a nuestro polideportivo. Allí, los niños convirtieron las cajas en materiales de juego muy versátiles. Con gran entusiasmo, pensaron juntos en todo lo que podían hacer con las cajas. Rápidamente surgieron las ideas de juego más diversas: las cajas se convirtieron en obstáculos sobre los que los niños podían mantener el equilibrio y saltar. Lo probaron, cambiaron sus estructuras una y otra vez y descubrieron nuevas posibilidades. Jugaron, treparon, se deslizaron por encima, por debajo y al lado de las cajas y se rieron mucho.
Así, lo que se suponía que era “material de desecho” se convirtió en un emocionante estímulo para el juego. Los niños no solo se divirtieron mucho, sino que también aprendieron que podemos reutilizar cosas viejas y darles un nuevo uso creativo. Para ellos fue un bonito ejemplo de cómo vivimos la sostenibilidad en nuestro día a día. De paso, se fomentó su alegría por el movimiento, su creatividad y sus relaciones sociales.